Columpio Asesino y Edredón (14-4-2011)

Abr.19, 2011 | Música | 0 comentarios

por Paranoid

Una noche protagonizada por El Columpio Asesino y Edredón (dentro del ciclo Pop & Dance) es, a priori, una mezcla de sensaciones. Miedo por un lado (Edredón) y ansiedad, casi necesidad de verlos ya de una vez, por el otro (El Columpio Asesino). Al final, la sesión ni confirma ni desmiente, simplemente modifica los términos.

Si comenzamos por los segundos, como su importancia e identidad (se han convertido en unos clásicos, léase esto con el buen sentido) obligan, su directo atronador y sin apenas concesiones a la calma resultó, en su faceta musical, acorde a lo esperado. La banda de Pamplona, que asombró con su debut homónimo, dispone de un repertorio muy adaptable a las necesidades del escenario, sea cual sea el momento en el que se encuentre el recital. Si hace falta bailar, se lanzan con Toro, el single de su último álbum (Diamantes). Si la senda del dance, o al menos de algo influenciado por esta etiqueta, parece la adecuada para continuar, los temas de este trabajo funcionan a la perfección. Para las medias tintas, cualquiera de los lanzamientos que han mediado entre sus comienzos y su presente. Si lo que el público espera es fuerza, algún que otro himno, guitarras a todo volumen y agitarse en modo estertor, sus primeras creaciones llegan en el momento perfecto. Your Mind Is Dead o Yee Ye Ye son solo dos ejemplos.

¿Hubo puntos negativos? Sí, un problema, el clásico que desde fuera parece fácil de solucionar. ¿Hace falta que entre Edredón y El Columpio Asesino haya que aguantar 45 minutos? Es complicado de creer, sobre todo cuando no se ve mucho movimiento en el escenario. Para pensarlo…

Pop&Dance

Edredón, por su parte, rompió por completo con las expectativas, al menos las que algunos llevamos con nosotros a la Rock Kitchen el pasado jueves. Tras escuchar su primer lanzamiento, titulado también Edredón, uno se podría esperar un concierto dominado por melodías que escapan por poco del pop, música que, si se busca intensidad, siempre se queda a las puertas. Pues en directo las cruzan a lo grande. Los integrantes de la banda suben supervitaminados al escenario (va sin doble sentido) y le dan la vuelta a una propuesta para que el movimiento entre los asistentes, así como la expresión de sorpresa de muchos de ellos, afloren como constantes durante la práctica totalidad de su fragmento del evento. Agradable descubrimiento.

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