Una mañana radiante – James Frey

Mar.24, 2010 | Libros | 0 comentarios

por Diego Rguez.

Hace unos años, el escritor James Frey protagonizó un episodio bastante lamentable cuando trascendió que en su primera obra, unas supuestas memorias tituladas En mil pedazos, había dejado volar su imaginación más de la cuenta. Arrojado a los infiernos por los mismos que habían visto en él una figura en potencia, ha demostrado con su nuevo trabajo que talento, al menos, le sobra.

En Una mañana radiante, la novela que publicaba a finales de 2009, realiza un esforzado acercamiento a una ciudad tan poco abarcable como Los Ángeles. Y lo hace desde una doble vertiente, una general en la que abruma al lector con infinidad de datos (curiosos, deprimentes, hilarantes), y una particular que entreteje cuatro historias principales acompañadas de otras muchas secundarias. El resultado es un fresco sobre la gran ciudad de la Costa Oeste estadounidense donde conviven estrellas del cine que ocultan su verdadera cara con jóvenes recién llegados a la megaurbe en busca de su oportunidad, o inmigrantes que han hecho realidad el sueño americano con vagabundos que bucean en los cubos de basura de Venice Beach en busca de algo que echarse a la boca…

La prosa de Frey es concisa, directa, prescinde de adjetivos y casi de puntuación para centrarse en la existencia, por lo general deprimente, de unos seres a los que trata sin embargo con cariño y condescendencia.

Antes de leer la novela, y teniendo en cuenta la vaga idea que tenía sobre ella (Los Ángeles + historias cruzadas de varios personajes) eran los nombres de Raymond Carver y Robert Altman los que bailaban en mi cabeza. Una vez concluida, los referentes que se me aparecen poco tienen que ver con el autor de Short Cuts o el realizador de El juego de Hollywood. Su anárquica estructura y las licencias narrativas, además del sarcástico tono que adopta en ciertas partes entronca más con escritores como Chuck Palahniuk, David Foster Wallace y hasta Bret Easton Ellis.

Lo que está claro es que Los Ángeles, ya sea la ciudad sin escrúpulos de las novelas de Raymond Chandler o James Ellroy, ya sea el luminoso escenario por el que se mueven los chicos de Sensación de vivir, es siempre un fabuloso telón de fondo para escenificar las miserias -y algunas grandezas- del ser humano. Una ciudad inacabable e ingobernable que ni tan siquiera una obra como la de Frey es capaz de condensar.

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