Submarine
Ago.01, 2011 | Cine | 0 comentarios
por Conway
Cuesta desligar el nombre de Richard Ayoade, el Moss de The IT Crowd (Los informáticos) de la imagen de ‘nerd’ que muestra en esa hilarante serie. Pero este titán ficticio de los ordenadores es, al otro lado de la pantalla, un realizador de videoclips y un cineasta casi en prácticas que ha conseguido con su primer largometraje a los mandos, Submarine, llamar la atención en festivales como el de Sundance.
Una comedia agridulce que no garantiza carcajadas pero sí muchas sonrisas cómplices y que cuenta con un arranque mil veces visto. Un punto de partida, el del retrato de un adolescente en pleno proceso de aprendizaje vital que reparte sus angustias entre su novia, Juliana, y el naufragio matrimonial de sus padres, que no desluce en absoluto una película con muchos puntos de interés. El primero, claro, el propio personaje principal, Oliver Tate. Quinceañero, con una desbordante imaginación, fumador en pipa, maneras de intelectual y clásico elemento discordante en el instituto donde estudia. En permanente estado de asombro nos acerca a su reducido universo en el que sus máximas preocupaciones se encuentran en la posibilidad de perder la virginidad y en entender qué ve su madre en el gurú de la autoayuda que tienen por vecino.
En el catálogo de secundarios sobresalen esa novia con pinta de psicópata que se vuelve mucho más frágil de lo que su imagen nos hace imaginar y, sobre todo, el padre del protagonista, un tipo que hace de la resignación su forma de vida y que se enfrenta a los golpes que le depara la vida con una encomiable mezcla de estoicismo y patetismo a partes iguales.
Ayoade peca en ocasiones de una tendencia al preciosismo que, supongo, le viene de su trabajo en sus trabajos musicales. Con un estilo que en ocasiones remite a la ‘nouvelle vage’ (las referencias a Los 400 golpes son más que evidentes) y en otras parece beber de estos modernos a los que apadrina simbólicamente Wes Anderson (el retrato de la familia es puro Tenenbaum), la película avanza con fluidez gracias a su clásica estructura. Un prólogo, tres partes centrales en las que se desarrolla la trama y un epílogo que quizás sobra pero que sirve para ordenar las ideas que se han puesto sobre la mesa a lo largo del metraje.
Otro acierto que acompaña a toda la película es su banda sonora, sostenida por los temas que Alex Turner (Arctic Monkeys) ha compuesto para ella y que sirven de perfecto complemento a la historia. Canciones en las que la amargura toma el control y que reflejan el estado de ánimo de un protagonista atónito frente al mundo, un bicho raro que piensa demasiado y que, por tanto, sufre más de lo aconsejable.
La película no se ha estrenado en España (ni tiene pinta de que lo vaya a hacer en un futuro cercano), pero seguro que sabéis cómo conseguirla. Será una hora y media que no lamentaréis haber invertido en ella.

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